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  La muerte
 

Postura del judaísmo liberal sobre la muerte y el duelo (1)

“La vida del hombre es como la hierba: florece como una flor del campo. Cuando sopla el viento, se la lleva, y ya no queda ni rastro de ella”. Todas las religiones tienen su propia idea sobre la muerte de los humanos. Para algunas, se trata de la mayor preocupación de su exploración espiritual; en cambio, otras, como el judaísmo, le dedican poco tiempo. La razón para esto es que, después de haber estudiado con detenimiento la vasta estructura de la ley y el pensamiento judíos, encontramos que hay una fuerte creencia de que este mundo, esta vida, esta existencia tangible, es a lo que debemos dedicar todas nuestras energías; la otra vida, con todas sus incertidumbres, no está para tantas especulaciones. Con esta actitud tan firmemente anclada, la ley judía piensa mucho en quienes han perdido a un ser querido y están de luto, mientras que la persona que ha muerto recibe, de algún modo, un poco menos de atención.

Los que están a punto de fallecer

El judaísmo tradicional considera que la persona que está muriendo no debe recibir ayuda de ninguna manera para que el proceso natural de la muerte se acelere, bien sea mediante la eutanasia o con medicación analgésica que acorte la vida. Esto se utilizaba, y a veces se utiliza todavía, como razón para no decirle a una persona que se está muriendo. Se piensa que si se le informa, la persona perderá esperanza y por ende, las ganas de vivir, lo que aceleraría la muerte. Hay varias razones para decirlo o no. Pero, si alguien afirma de manera clara que quiere saberlo, y la familia lo sabe, no hay justificación posible para que esa persona no viva sus últimos días en un ambiente de honestidad, con dignidad y paz. Las personas que están a punto de morir deben aceptar su fin lo mejor posible. Esto incluye hacer confesiones, si se desea, a la familia o amigos.

Maneras de vivir el duelo

Cuando ha muerto un ser querido, lo que cada uno requiere varía considerablemente. Lo mismo ocurre con respecto a cuán tradicional cada uno desea ser. Por este motivo, en el judaísmo liberal se le suele permitir a la familia que decida cómo desea llevar a cabo el funeral y el luto siguiente. Los rabinos o los dirigentes de las congregaciones darán orientación cuando se requiera, y explicarán lo que se debe hacer en cada momento, pero nadie en el judaísmo liberal, tendrá que realizar o participar en un ritual que no quiera. La práctica dominante en el judaísmo liberal es permitir a la familia e individuos decidir si prefieren entierro o cremación, sin ningún tipo de presión. La gente escoge ambos en porcentajes bastante parecidos.

Los judíos ortodoxos no permiten la cremación, por varios motivos. Por ejemplo, uno de ellos es que la cremación se considera un rito pagano que no respeta el cuerpo humano. Además, se pensaba que la cremación destruía el cóccix, el hueso en la base de la columna vertebral del cual según la tradición judía surgiría la resurrección. El judaísmo liberal no cree en la resurrección física y considera el cuerpo como una nave que no puede ser inmortal por sí misma. Además, por motivos ecológicos excelentes, muchos judíos consideran que la cremación es mejor que el entierro, ya que no se desperdicia tierra. Algunos pocos judíos liberales donan sus cuerpos para investigación científica con el fin de que no quede nada que desechar. El judaísmo liberal promueve la donación de órganos cuando sea apropiado, contrario al judaísmo ortodoxo que sólo permite la donación de córnea y no insiste en el habitual funeral rápido.

Después del funeral

Después que el familiar ha sido enterrado o cremado, algunos judíos liberales observan la shiv’á, siete días de luto en los cuales se hacen rezos en la casa cada noche. En las noches de shiv’á vienen a la casa familiares y amigos para dar el pésame y, en muchas ocasiones, traer comida. Otras familias prefieren sólo hacer una noche de rezos en casa. En ambos casos, se sirven refrescos cuando se han acabado los rezos. De esta manera, los familiares y amigos se quedan un rato en la casa dando apoyo a la familia, aunque ese apoyo sólo se exprese mediante el ofrecimiento de comida, más que con palabras. A muchas personas les resulta difícil encontrar las palabras adecuadas en estos momentos; sin embargo, ofrecen toda su ayuda. Algunas familias prefieren ni siquiera tener una noche de rezos, pero esto es cada vez menos común, ya que hay evidencia clara de que el procedimiento del duelo judío aporta beneficios psicológicos. Después de la shiv’á hay un periodo de duelo menos intenso y que dura 30 días después del funeral, llamado Sh’loshim. Claro está, no todos los judíos liberales lo celebran. Posteriormente, le siguen once meses después del funeral de duelo menos intenso hasta que llega el momento de la matzevá, cuando se pone la lápida funeraria sobre la tumba, once meses o un año después de la muerte.

Aunque no todos los judíos liberales observan todas estas etapas tradicionales del duelo judío, hay evidencia de que éstas son muy similares a las etapas de duelo experimentadas por la mayoría de la gente. Nadie afirma que al final del año el duelo y la pena por la pérdida del ser querido hayan terminado, pero la matzevá sirve como una especie de marcador en el cual se declara que la vida debe continuar y que hay que seguir mirando hacia delante.

Apoyo de la comunidad

Durante todas estas etapas, la comunidad juega un papel importante en el apoyo a las familias, siempre que le sea posible. Este apoyo incluye el funeral mismo y las semanas y meses de duelo posteriores, ya que todos estos ritos son sólo un comienzo que aporta la base de la estructura para la expresión del luto.

Costumbres y tradiciones

Con todas estas costumbres también hay leyes y tradiciones, y también supersticiones. El judaísmo liberal no apoya algunas de ellas. Por ejemplo, la prohibición a todos los Kohanim (miembros de la clase sacerdotal) de ir al funeral o al cementerio debido a que la tumba es considerada un sitio sumamente impuro. El judaísmo liberal considera incorrecto privarle a alguien el derecho al duelo. De igual manera, la costumbre anglo-judía de no permitir a las mujeres ir a funerales también queda descartada, ya que ellas tienen tanto derecho al duelo como los hombres. El judaísmo liberal tampoco promueve la keri’á, rasgarse las vestiduras, algo muy practicado en la ortodoxia judía, aunque ocurre ocasionalmente dentro del liberalismo. También hay supersticiones, como cubrir los espejos o vaciar las jarras de agua, que no hacen daño a nadie, pero que probablemente se originan en el folklore popular más que en el judaísmo. De todas formas, es la familia que está de luto la que decide y deja claro que lo desea hacer.

La vida después de la muerte

Después de un fallecimiento y en las semanas y meses de duelo posteriores, a menudo surgen interrogantes sobre la vida después de la muerte. La actitud del judaísmo con respecto a la muerte y la inmortalidad ha cambiado considerablemente a través de los siglos. En la época de la Biblia, por ejemplo, hay poca evidencia de que se creyera en la vida después de la muerte. Se hablaba de Sheol, un lugar distante e indeterminado. Los fariseos, en cambio, y probablemente bajo influencia griega o persa, introdujeron una creencia más definitiva en “la vida en el mundo que viene”, que sería alcanzada por los justos inmediatamente después de la muerte, gracias a la inmortalidad del alma, o al final de los tiempos, mediante la resurrección del cuerpo. Luego, llegaría el Mesías y los cuerpos de los justos se levantarían, mientras que los perversos no participarían de esta recompensa eterna. Otras teorías incluían otro mundo venidero al cual los justos irían después de la muerte. Este mundo no quedaba bien definido, pero se decía que era placentero y que en él no habría ni pobreza ni hambre. Era la respuesta a la eterna pregunta, recurrente en cada generación, de por qué los perversos prosperaban y los justos no. En la era rabínica, la respuesta más usada era que esta vida no es el final y que todo se resolvería en el mundo venidero, donde se haría justicia.

El judaísmo liberal no se considera muy convencido por ninguna de estas teorías, y grosso modo tiende a rechazar la idea de un Mesías hecho persona, en cuya llegada se levantarían los justos y vivirían en gloria eterna. De manera general, se ha rechazado la resurrección física por considerarse ésta irrazonable. Esto ha llevado a reescribir el segundo párrafo de la Amidá: en vez del tradicional “mejayé ha-metim (quien trae los muertos a la vida), tenemos “mejayé ha-kol” (que das vida a todos), algo muy diferente. Ahora bien, la inmortalidad del alma es otra cuestión en sí, y los judíos liberales hemos tendido a aceptar este principio, aunque las definiciones pueden variar de manera considerable. El pensamiento más generalizado es que el alma existe antes del nacimiento del individuo, y nunca muere, razón por la cual leemos en la Amidá: “note’á betojeinu jayé olam” (quien ha implantado en nosotros la vida eterna). Sin embargo, para algunos judíos liberales, la inmortalidad es menos un elemento distintivo del ser humano sino más bien la manera en la que cada individuo será recordado después de su muerte. En otras palabras, la verdadera inmortalidad consiste en nunca ser olvidado por las generaciones siguientes.

Énfasis en la vida

Después del fallecimiento de una persona, el énfasis cambia y se centra en los vivos, sus necesidades, aspiraciones y comodidad. Cuando los familiares en duelo recitan el Kadish, el rezo del duelo por la muerte de un ser querido, afirman la majestad de D-s y Su supremacía. Con esto se hace hincapié en el hecho de que D-s está siempre presente, en todos los tiempos, en la alegría y en la tristeza, en la vida y en la muerte. Pero, también se hace hincapié en que la vida debe continuar, y en que los vivos deben proseguir con el trabajo comenzado por la persona que ha muerto y que se vio obligado a abandonar, y es el de construir el reino de D-s en la Tierra.

(1) Traducido de Liberal Judaism (www.liberaljudaism.org) por Ariel Sebastián Mercado.

 
   
 
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